“La reciente depresión en la economía mundial es una severa llamada de atención sobre las consecuencias de gastar más de lo que tenemos. Pero la posibilidad de una recesión económica palidece frente a la inminente crisis del crédito ecológico”.
De esta manera comienza el prólogo del Informe Planeta Vivo 2008 que ha presentado recientemente la WWF (World Wildlife foundation). Un informe en el cual se hace un análisis de la huella ecológica, o sea, del impacto que los seres humanos causáis al planeta con vuestra actividad. Es decir, los seres humanos necesitáis los recursos que os ofrece el planeta en el que habitáis, pero para obetener y aprovechar esos recursos, aunque sea de una manera sostenible y respetuosa con el entorno, necesitáis llevar a cabo tareas, procesos y actividades que dejan su huella…
Ya sea que vivamos cerca de un bosque o en el corazón de una ciudad, nuestros medios de subsistencia y, de hecho, nuestras vidas dependen de los servicios proporcionados por los sistemas naturales de la Tierra.
El Informe Planeta Vivo 2008 nos advierte que estamos consumiendo los recursos que sustentan estos servicios demasiado rápido –a mayor velocidad que el tiempo que se requiere para renovarlos. De la misma manera en que el gasto desmedido está generando una recesión, el consumo irresponsable está agotando el capital natural del Planeta, hasta el punto de poner en peligro nuestra futura prosperidad.
Solamente en los últimos 35 años, hemos perdido casi un tercio de la vida silvestre de la Tierra. Sin embargo, nuestras demandas siguen en aumento, resultado del implacable crecimiento no sólo de la población humana sino también del consumo individual.
Nuestra huella global ahora excede en casi un 30% la capacidad del Planeta de regenerarse. Si nuestras demandas al Planeta continúan a este ritmo, a mediados de la década de 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas para mantener nuestro estilo de vida. El informe 2008 capta, por primera vez, el impacto que tiene nuestro consumo en los recursos hídricos de la Tierra y nuestra vulnerabilidad ante la escasez de agua en muchas regiones.
La responsabilidad medioambiental comienza por la responsabilidad individual. Y no olvidemos que hay una parte muy grande de la población que vive en condiciones muy precarias, y esa parte de la población no causa la huella ecológica, sino que también la sufre. Es en el “primer mundo” donde se concentran las actividades que mayor deterioro provocan, pero es en el “tercer mundo” donde se concentran las consecuencias y los impactos de esas actividades.
Este informe, como cualquier otro, no es dogma de fe, ni tampoco un manual de uso obligatorio, pero si tienes unos minutos para dedicarle a su lectura probablemente encontrarás poderosos motivos para ser un poco más responsable y animar a otros a que también lo sean.




